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LA MASACRE DE HADENFORT

Descripción

Tres galeones de guerra, los mejores de Hadenfort. Cincuenta cañones entre los tres. Trescientos hombres entrenados, los mejores marineros del reino. **Duraron quince minutos.** Apareció de la nada, con tanta niebla que no se veían las propias manos, y un frío tal que el agua empezó a congelarse en las cuerdas. El capitán ordenó formación defensiva e intentaron cargar los cañones, pero antes de disparar un solo tiro ya estaban encima. No fue una batalla, fue una masacre: se movían en la niebla como fantasmas, no se los veía hasta que estaban sobre los hombres, y **no gritaban** — atacaban en silencio perfecto. El barco embistió al *Orgullo de Hadenfort* a una velocidad que ningún galeón alcanza y lo partió como madera podrida. Colgado del casco había un elfo, o algo equivocado que se le parecía, y se lo escuchó **reír** mientras morían, con una risa como vidrio rompiéndose. Después la niebla se disolvió y el barco desapareció. Al amanecer, a medio kilómetro de Puerto Herrumbre, quedaban dos galeones a medio hundir con los estandartes reales destrozados colgando de los mástiles rotos, el agua teñida de rojo oscuro y cuerpos flotando por decenas, muchos incompletos. Uno tenía un agujero del tamaño de una casa con los bordes retorcidos hacia dentro. El otro estaba partido por la mitad, con la popa y la proa flotando separadas y el centro simplemente desaparecido, como si el barco hubiera sido doblado hasta quebrarse. El golpe real es político: hubo un tiempo en que Hadenfort habría mandado una flota entera a cazarlo. Ahora solo rezan para que no vuelva.

Consecuencias

Consecuencia: Hadenfort ya no se plantea cazarlo